Contra el coach... - Javier Navarro Marin - Marketing Córdoba / Lucena / Puente Genil
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Contra el coach…

Contra el coach…

 

COACHING Y COACHES

Antes de nada, tres cositas:

  • He dicho contra el coach, no contra el coaching (que no deja de ser una disciplina y como las herramientas es útil bien utilizada).
  • Me ha quedado un poquitín larga, pero es que hay veces que cuando uno coge una linde…
  • El tono me ha salido ligeramente más borde de lo habitual… No sé por qué será.

 

Bueno, “contra el coach”, sí, pero ¿qué coach?… A ver, todos tenemos en mente (principalmente de las películas, que no somos tan viejos) a esos “vendedores de crecepelo” y “tónico reconstituyente multiusos” del oeste americano, que iban por los pueblos con una oratoria brillante y un carisma desbordante, a la caza del “motivado” de turno, cual Barnum a la puerta de su circo… Pues eso… Analogía hecha: amigo vendedor de “ungüento mágico”, oféndase si es tan amable.

 

En muchas ocasiones se acusa al coaching de estar falto de contenido, falto de conocimiento, falto de resultados… Pues sí, algo de eso hay… Pero, un momento, vamos a definir, aunque sea de pasada, de qué va eso del coaching, aunque ahora que caigo, mejor me voy a ahorrar la parrafada y voy a autocitarme como un columnista de suplemento dominical (¡siempre he querido hacer eso!)

 

BLOG “Y eso qué es lo que es”: Qué es el coaching

 

Y si no apetece leérselo, que no les culpo, hago un breve resumen muy básico: el coaching es un proceso diseñado para lograr metas y objetivos, mediante el acompañamiento de un coach, que ayudará a que se lleve a cabo el proceso… O algo así (palabra de coach).

 

El coaching está de moda y cada día sale un coach de debajo de las piedras, desde cantantes triunfadores de rizos dorados, hasta chicos con mala leche en la cocina y delantal de colores chillones, pasando por ex deportistas de élite mayormente hermanados con la bordería juvenil… Tenemos coaches por encima de nuestras posibilidades… Y claro cuando la bolsa se amplía, acaba entrando de todo y desvirtuando lo bueno que podría haber (o no) en un principio.

 

Tenemos coaches por encima de nuestras posibilidades

 

Señores, con todos mis respetos (ninguna frase acaba bien cuando empieza así… y esta no va a ser una excepción), un tipo que hace un cursito de un puñado de horas y pírrico contenido, impartido por otro tipo, o colección de tipos, que recibieron su formación para dar ese cursito de igual modo y dicen estar avalados por una asociación montada por otros tipos con procedencia formativa similar… No creo que deba estar capacitado para hacer poco más que animar y motivar al que está levemente desanimado o desmotivado… Vamos, digo yo… O al menos yo no veo por ningún lado las mínimas garantías exigibles para ejercer una profesión que se considera en auge, pero que está más que falta de regulación.

 

¿Cómo de capacitado está el coach de turno?, ¿Y el coach que lo formó?… ¿Y el que formó al formador?…

 

En este mundillo de coaches, he encontrado a mucha gente que, al igual que los malos profesores de piano, le llevan una lección de ventaja al alumno y son profundamente inconscientes de sus propias limitaciones, porque simplemente han hecho propio el título del gran gurú Robbins, “poder sin límites”, pero no se han parado a entender qué diablos pretendía ese señor con ese título.

 

Hay una enorme impostura en demasiados casos y por lo que he ido encontrando, tiende a haber mucha falta de sustrato… Los coach, de formación muy heterogénea, no siempre dan las garantías de conocimiento que cabría esperar para alguien con una labor de tanta importancia como la de “acompañante en procesos vitales” o “facilitadores de cambios personales y profesionales”.

Al igual que las capas de personalización de los sistemas operativos en los móviles y ordenadores, son vistosas, efectistas y atractivas, pero si lo de dentro no es bueno, “aquello no funciona”; el coaching puede parecer realmente espectacular (y puede que haya casos en los que lo sea), pero si cuando rascamos debajo de esa vistosidad y “fuegos artificiales”, lo que encontramos en lugar de un rico y profundo sustrato de conocimiento, es hueso… Mal camino llevamos, amigo.

 

Si a poco que rascamos en la superficie del gurú de turno ya hemos llegado al hueso… Mal camino para los seguidores…

 

Personalmente me da un poco de miedo haber presenciado cómo verdaderos insensatos, por no decir algo más borde, decían a gente con un bagaje más bien inexistente, más allá de su curso en cuestión: “ya eres coach y puedes enfrentarte a lo que te propongan”, “estás capacitado para cambiar el mundo” o “por supuesto que puedes tratar una depresión, una fobia, un trastorno…” Amigo, las depresiones al psicólogo… y si no le funciona, búsquese uno bueno, que yo conozco a unos cuantos, que tienen su código deontológico, sus muchos años de estudio y su seguro de responsabilidad civil por si meten la pata, que todo puede pasar.

 

Dedicado a ti, amigo coach

 

Esta entrada de blog te la dedico a ti, amigo coach, amigo facilitador para el cambio, amigo ayudador vocacional… Naturalmente no va para todos los que se dediquen su tiempo a alguna de estas, por otro lado, loables actividades… Esto va para ti, amigo coach que te permites soltar perlitas cómo que curas la depresión en “dos patadas” o que eres capaz de cambiar los designios de una empresa en ruina y hacerla crecer un 200% desarrollando todo el potencial que tenía oculto.

Esto va dirigido a ti amigo coach, que coleccionas fotografías bucólicas luciendo libros de Bucay, Coelho, John Grinder, Stephen Covey o quien toque, sin tener muy claro que fotografiarse con un libro, no implica haberlo leído, haberlo leído no implica entenderlo y entenderlo no implica que seas capaz de transmitirlo o de aplicarlo.

 

Fotografiarte con un libro, no es leerlo, ni entenderlo, ni mucho menos ser capaz de enseñarlo

 

Esto va para ti amigo coach que te atribuyes el mérito de cualquier cosa ocurrida en tu presencia, oculto bajo la falsa modestia de “los coach no somos los importantes, esto ha sido obra tuya”, pero eso sí, te encargas de recordar constantemente que de un modo u otro, aquello si no es por ti no sale. Evidentemente no se dice directamente, que hace feo y se ve el plumero, se hace a mediante el recién motivado por el subidón del efecto gaseosa del “dios mío estoy cambiando el mundo”, que se deshace elogios al gurú, que solamente puede sonreír tratando de hacer como que se ruboriza, pero sin éxito, claro, que el tipo será lo que sea, pero buen actor, no.

 

Aún recuerdo la primera vez que escuché eso de: “un coach tiene que ser humilde”, que estuve a punto de levantarme e irme de allí… Menos mal que enseguida pude ver que eso de la humildad son… entiéndanme, “cosas que se dicen”. No vayamos a confundirnos, la estrella es la estrella y de lo que se nutre su ego es de cada felicitación y antecedida por un “maestro” que retrata a la perfección a “sujeto y objeto” de la frase…

 

Es de humildes hacer que los demás nos atribuyan el mérito de lo que han conseguido

 

Esto va para ti amigo coach con un profundo conocimiento superficial, de prácticamente todo lo que quiero oír cuando tengo un mal momento. Y permíteme que te diga que me encanta cuando haces ese genial comentario de: “hoy no tenemos tiempo para hablar más de esto, pero podría estar horas profundizando en el tema”, que lo que realmente oculta es: “en 30 minutos de charla ya he dado con la cucharilla en el fondo… Ahora toca hacer dinámicas”

 

Un día alguien dirá: podría profundizar mucho en este tema… le dejarán profundizar… y no sabrá dónde meterse

 

En fin, amigo coach, sinceramente no sé cómo diablos puedes dormir por las noches… ¡Ah! y tranquilo, esto no te lo está contando un odiador, o “hater”, que suena más “cool”; esto te lo está diciendo un coach, evidentemente no ejerciente (faltaría más), pero titulado como máster en coaching hace ya algún tiempo, por una prestigiosa Fundación Universitaria, entiendo que ávida de ingresos y de ganas de subirse al carro de esta gran novedad. No te niego que saqué utilidad de ese máster, aunque igual no la que se pretendía allí; ya conocía bastante el sector y logré despejar dudas. A raíz de eso, continué formándome en “cositas interesantes” que se atribuye como propias el coaching y que pertenecen a otras disciplinas, así que doy por bien empleado todo el tiempo que invertí y la pasta que gasté.

 

Si la crítica procede de un “congénere”, igual puede tomarse algo más en serio… Digo yo

 

Si te apetece opinar me te invito a un día de CARETAS abiertas a ver que nos encontramos… Aquí me despido de ti, mi más sentido pésame por tu ética profesional.

 

Y para terminar con la bilis, que ya me he quedado a gusto y no es cuestión de seguir dando vueltas al mismo tema (que hasta yo me he mareado)… Seamos honestos y separemos al coaching razonablemente serio, del coaching “de mercadillo” (y que me perdonen los mercadillos), que también hay gente cabal y sensata en el mundillo del coaching, y espero que mucha. Las generalizaciones son injustas, pero es que en este caso, lamentablemente los “de mercadillo” son una inmensa minoría poco silenciosa. Además, suele cumplirse la máxima de: a mayor nivel de inconciencia e insensatez, más se luce y más ruido hace el tipo. Los otros, no suelen ser efectistas ni autoproclamarse nada; eso sí, suelen ser más efectivos… ¡Qué curioso! Menos efectista = más efectivo…

 

En el coaching, también suele cumplirse la proporcionalidad inversa entre efectista y efectivo

 

No les voy a negar la mayor, porque es cierto que las herramientas y las técnicas que se usan en coaching, bien trabajadas y bien entendidas, sí que pueden tener una buena dosis de culpa en los resultados, pero por supuesto, además de esto, tenemos que analizar las causas externas que nos llevan a esos resultados… No vaya a ser que atribuyamos el mérito al quien no toca y pensemos que el edificio lo sostiene el tipo que está apoyado él.

 

Gracias por leerme!

Javier Navarro Marin

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