Contra las consecuencias... Trolls - Javier Navarro Marin - Marketing Córdoba / Lucena / Puente Genil
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Contra las consecuencias… Trolls

Contra las consecuencias… Trolls

Anatomía de los Trolls

Empezando por el principio, antes de hablar de Trolls… Cualquier comunicación que llevemos a cabo, tiene consecuencias y deja huella sobre nuestra marca, la modifica sustancialmente o la matiza, para bien o para mal. Así que cualquier opinión que podamos aportar al mundo, es importante y cuenta… Y si la hacemos públicamente y en redes sociales, con “luz y taquígrafos”… Puntúa doble o más.

Pues un troll es alguien que no quiere que su opinión afecte a su marca, por eso se enfunda en un aséptico traje de camuflaje sin que se le vea un centímetro de piel y por ahí se va a repartir mala baba por el mundo, que total… ¡Nadie se va a enterar!

Un troll es una persona “casi normal”, que no quiere que sus opiniones tengan consecuencias sobre sí mismo, pero sí sobre los demás

Se podría decir que un troll es un mamífero catarrino que va de perfil por las redes, sin dar su cara de verdad, pero buscando todos los motivos posibles para que se la partan. Se podría decir que es quien hay detrás de un perfil creado en redes sociales para lanzar opiniones muy vehementes y normalmente cargadas de bilis y líquido de batería a partes iguales. Pero no les culpemos, es… su naturaleza; como las medusas (urticantes y difíciles de ver), aunque no quieran no tienen más remedio, están fabricados para hacer el mal. Todos podemos llevar un troll dentro, que a fin de cuentas, no deja de ser una versión de cualquiera de nosotros, si nuestros comentarios no tuvieran consecuencias, párense a pensarlo, es tentador, ¿verdad?

Los trolls van “de perfil” por las redes… Sin dar la cara, pero buscando todos los motivos posibles para que se la partan

El troll no suele aportar contenido, su función es únicamente reaccionaria, siempre arremetiendo contra algo que alguien con mejor o peor habilidad, ha creado o compartido… Ahora que caigo: un troll siempre va “a la contra”, llevando la contraria, igual que este blog… ¡A ver si voy a ser un troll! ¡Y yo sin enterarme! Pero no creo… Que a mí se me ve la cara y desde bien lejos.

En cuanto a sus tipos, vienen de todos los tamaños y colores: desde los inofensivos y risueños, hasta los que por su comportamiento, deben tener una vida sexual muy aburrida. Los hay brillantes y sarcásticos, que hasta tendría su gracia leerlos de vez en cuando, o zotes como ellos solos, que no llegan a más que a enlazar tacos como para fundir quince pilas de los aparatos esos de los pitiditos… Pero en general son molestos y tampoco se trabajan demasiado sus intervenciones.

Una curiosidad: el nombre “troll” se debe a lo que a todos nos suena, según edad y gustos, de Tolkien, Harry Potter, mitología europea o como a mí… de los de David el Gnomo. A mí es así como me gusta imaginármelos (con el “moquillo” colgando). Los trolls, entonces reciben su nombre de entes molestos, malintencionados, cobardes, torpes, primarios, deagradables… Vamos, todo un dechado de virtudes que hacen que llamar a alguien Troll, sea un insulto la mar de completito.

En mitología, novelas de fantasía o en David el Gnomo, los trolls deben su nombre a seres: molestos, torpes, cobardes y malintencionados

Hay unas máximas que comparten todos los trolls:

·1· Se conectan periódicamente, pero no permanecen en línea demasiado tiempo. A fin de cuentas, es un perfil secundario y sólo se ponen el traje de troll cuando van a actuar, el resto del tiempo son seres humanos casi normales, con su perfil standard, sus comentarios públicos (por los que sí responden), sus amigüitos, su camisita y su canesú.

·2· Tratan de alejarse todo lo posible del estilo, lenguaje y opiniones que tienen en “su vida civil”, no vaya a ser que algún avispado les pille con una palabra o frase típicamente suya y mandemos a hacer puñetas nuestro traje de camuflaje.

·3· Son animales de costumbres y tienen sus filias y sus fobias bien definidas, con una lista fija de perfiles “a salvo” (aunque alguna les tiran por aquello de guardar las apariencias, pero sin mucha pólvora, no vayamos a hacer pupa) y por supuesto con un buen cartel de odiados y temáticas a abatir, en las que volcar todo su arsenal.

·4· Quieren pelea. Igual que los gallitos de barrio o los sargentos chusqueros, sólo disfrutan si hay oposición, si no, se aburren y se van a buscar a otro candidato.

·5· Siempre tienen que tener la última palabra, que para eso hacen la guerra. Si se enzarzan en una batalla dialéctica, ésta terminará cuando ellos pongan el punto y final y decidan bajarse.

 

Y la gran pregunta… ¿Qué hacer cuando nos toca en gracia una de esas maravillosas criaturitas? Bueno, hay una respuesta corta y obvia y otra un poco más larga y elaborada (para que esto tenga algo de gracia).
Por supuesto, la solución obvia es dejarlos estar y no entrar en enfrentamientos estériles, que al menos de un modo ortodoxo no vamos a conseguir ganar, ni sacar de ello nada mínimamente útil… Entre otras cosas porque no luchamos en igualdad de condiciones, a fin de cuentas, no sé ustedes, pero yo no me metería en un ring a boxear con un tipo que lleva un casco y peto de motocross… Al menos si quiero ganar, claro.

 

Contra los trolls, 2 alternativas: dejarlos estar… O por qué no, dedicarles tiempo e igual hasta nos son útiles para algo

 

¡Ah! ¡Casi se me olvidaba! Me faltaba la respuesta larga y elaborada, que como no podía ser de otra manera… La dejamos para otro post, que si no…

Gracias por leerme!

Javier Navarro Marin

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